DIARIOS DE TRASPALETA(II)
EL TINTE
La voz de alarma saltó, como tantas otras veces, por medio de una señora histérica que huía despavorida, tratando de poner a salvo las nocillas de sus hijos.
¡¡Han atracado el Súper!!- dijo a “grito pelao”- e inmediatamente, dos centelleantes figuras, como impulsadas por una súbita fiebre atlética se desplazaban veloces a lo largo de la calle, sorteando a incrédulos vecinos, a dueños de bingos y algún que otro cristiano evangélico.
Los corredores son estos: Uno de ellos, concretamente el que va detrás, persiguiendo al otro, es el empleado del Súper de toda la vida, viste pesadas botas de seguridad de goma y uniforme de trabajo azul, su corazón está a punto de explotar debido al esfuerzo desacostumbrado y sus pulmones dan saltos tratando de escaparse de su caja torácica y poder respirar.
Delante de él, aunque perdiendo terreno, huye despavorido el caco, el ladrón, el criminal, cuyo aspecto es…Bueno, pensándolo bien creo que su aspecto es irrelevante. Lo importante para entender en toda su magnitud este relato es volver atrás, concretamente un par de minutos antes de que se produjese el atraco.




