sábado, 8 de enero de 2011
La Caza
LA CAZA
Estiró el cuello hasta que pudo divisarle, no demasiado lejos al fin y al cabo, apenas 20 metros de donde ella estaba, llevó su mano hasta el bolsillo interior de su chaqueta, encontrando una forma alargada en el interior del mismo. Llevaba todo lo que necesitaba. Estaba preparada para el trabajo para el que la habían contratado. Se sabía atractiva, y eso era fundamental. En realidad era por eso por lo que la habían elegido a ella, precisamente a ella. No había porque estar nerviosa.
Debía evitar llamar excesivamente la atención, ser solamente una más del centenar de personas que pululaban por el centro comercial a esas horas... hasta que llegase el momento oportuno.
Vestía completamente de negro, era imprescindible –le habían dicho – usar ese color. Los pantalones de tela no llevaban botones ni costura alguna que alterase su esbelta figura. La chaqueta, de corte elegante tenía botones, pese a que de ninguna manera estaba diseñada para cerrarse sobre su pecho. Portaba demás camisa blanca y pañuelo atado al cuello.
Vestía completamente de negro, era imprescindible –le habían dicho – usar ese color. Los pantalones de tela no llevaban botones ni costura alguna que alterase su esbelta figura. La chaqueta, de corte elegante tenía botones, pese a que de ninguna manera estaba diseñada para cerrarse sobre su pecho. Portaba demás camisa blanca y pañuelo atado al cuello.
Alzo de nuevo la vista hacia el hombre de gris –su objetivo-. Tenía el aspecto de ser un padre de familia, quizá estaba casado y con hijos, pero... ¿quién sabía?
Se acercó despacio, sigilosa, tratando de no llamar la atención; de lo contrario él huiría como alma que lleva el diablo, dificultando aun más su trabajo. Era la primera vez que iba a hacerlo y prefería que fuese limpio y sencillo.
Calmó sus nervios lo mejor que pudo y se acercó con éxito hasta el hombre, tanto que podía oler su colonia –era buena, ahora estaba seguro de que estaba casado -.
En ese momento él hizo algo que ella no esperaba: se giró hacia ella y miró fijamente los profundos ojos azules d la chica
-Demasiado tarde para arrepentirse –pensó ella-. Demasiado tarde para echarse atrás.
Y disparó....-¿Tiene tarjeta de compra del Corte Inglés?
Cuentan que si has visto ronronear a un funcionario del estado nunca lo olvidas. Yo no he visto a ninguno.
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