miércoles, 2 de febrero de 2011

DIARIOS DE TRASPALETA (I) Un Comienzo chocante.

Entré a trabajar en un supermercado (de cuyo nombre no quiero acordarme) en la navidad de 2003 al 2004, y tengo que destacar que el primer cliente al que atendí me preguntó acerca de la diferencia entre piña en almíbar y piña en su jugo -un misterio insondable que lleva siglos atormentando a la humanidad-   Su cara me  era extrañamente familiar y sin conocerla sentía un odio infinito hacia ella.

Mientras la mujer me reprochaba con indignación mi poca profesionalidad en el ámbito de la fruta enlatada tuve una revelación. Una de esas veces que algo que tenías oculto en lo más profundo de la mente vuelve a primer plano, revelándote la solución al enigma.


 La violentada mujer era, nada más y nada menos, que la empleada, por aquel entonces aun no jubilada (hoy ya sí afortunadamente para todos) de la sala de radiología de LA FE, un hospital con pinta de central nuclear soviética que hay a pocas manzanas. Apenas un par de años antes de ese primer día en el súper, la susodicha señora –con las mismas gafas redondas de 1980-  retorció por completo mi muñeca izquierda,  justo la que acababa de romperme jugando al futbol. El dolor que me causó la discutible maniobra es difícil de describir. Nunca he golpeado a nadie, pero en aquel momento esa señora estuvo a punto de inaugurar la lista. Como era incapaz de mantener la mano en la postura que, según ella, necesitaba para la radiografía me hizo repetir varias veces.  No hubo forma de que entendiese que no es que yo no quisiera poner la mano así, o asá, es que simplemente me era imposible (por eso estaba allí, ¿No?
Para colmo, fueron incapaces de colocarme una escayola decente, y este “descuido”  significó que la lesión, que me dijeron sería de un mes y medio, tardase en curar alrededor de 4 eternos meses. Cuatro meses duchándome con una bolsa atada al brazo, o con el brazo fuera de la cortina de la ducha.
Verla allí, tranquilamente, en las navidades de 2003, en mi primer día de trabajo, siendo la primera clienta a la que atendía, fue una especie de mal augurio de lo que me esperaba los próximos cinco años.

PD. Como venganza, no le indiqué la diferencia entre Piña en almíbar y piña en su jugo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario