Entré a trabajar en un supermercado (de cuyo nombre no quiero acordarme) en la navidad de 2003 al 2004, y tengo que destacar que el primer cliente al que atendí me preguntó acerca de la diferencia entre piña en almíbar y piña en su jugo -un misterio insondable que lleva siglos atormentando a la humanidad- Su cara me era extrañamente familiar y sin conocerla sentía un odio infinito hacia ella.
Mientras la mujer me reprochaba con indignación mi poca profesionalidad en el ámbito de la fruta enlatada tuve una revelación. Una de esas veces que algo que tenías oculto en lo más profundo de la mente vuelve a primer plano, revelándote la solución al enigma.
Para colmo, fueron incapaces de colocarme una escayola decente, y este “descuido” significó que la lesión, que me dijeron sería de un mes y medio, tardase en curar alrededor de 4 eternos meses. Cuatro meses duchándome con una bolsa atada al brazo, o con el brazo fuera de la cortina de la ducha.
Verla allí, tranquilamente, en las navidades de 2003, en mi primer día de trabajo, siendo la primera clienta a la que atendía, fue una especie de mal augurio de lo que me esperaba los próximos cinco años.
PD. Como venganza, no le indiqué la diferencia entre Piña en almíbar y piña en su jugo.

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