DIARIOS DE TRASPALETA(II)
EL TINTE
La voz de alarma saltó, como tantas otras veces, por medio de una señora histérica que huía despavorida, tratando de poner a salvo las nocillas de sus hijos.
¡¡Han atracado el Súper!!- dijo a “grito pelao”- e inmediatamente, dos centelleantes figuras, como impulsadas por una súbita fiebre atlética se desplazaban veloces a lo largo de la calle, sorteando a incrédulos vecinos, a dueños de bingos y algún que otro cristiano evangélico.
Los corredores son estos: Uno de ellos, concretamente el que va detrás, persiguiendo al otro, es el empleado del Súper de toda la vida, viste pesadas botas de seguridad de goma y uniforme de trabajo azul, su corazón está a punto de explotar debido al esfuerzo desacostumbrado y sus pulmones dan saltos tratando de escaparse de su caja torácica y poder respirar.
Delante de él, aunque perdiendo terreno, huye despavorido el caco, el ladrón, el criminal, cuyo aspecto es…Bueno, pensándolo bien creo que su aspecto es irrelevante. Lo importante para entender en toda su magnitud este relato es volver atrás, concretamente un par de minutos antes de que se produjese el atraco.
¿Cómo se roba en un supermercado? Hay muchas y diversas formas. La clásica y preferida de los cinéfilos es organizando un complejo plan que incluya entrar por las alcantarillas o el terrado del edificio, pero claro, esto es para cuando queremos robar 100 millones, y en un supermercado de barrio, como el que nos ocupa, no es el caso.
En este supermercado, lo más común es el pequeño hurto: esconder una lata de sardinas entre los pliegues del abrigo no y almorzar de gratis. Pero en realidad tampoco nos ocupa, aun, este tipo de asunto.
No, de lo que yo quiero hablar es del asalto a la caja. Puede hacerse con, o sin Violencia: con violencia consiste en amenazar con algún objeto punzante, arma de fuego, o disco de Lady Gaga a la cajera, para que, en su infinito temor, proceda a abrir la caja y nos llevemos todo el dinero. Lo he visto hacer en infinidad de ocasiones, algún día contaré alguna.
Pero de la que, en realidad, quiero hablar hoy es de mi favorita, no requiere violencia y es mucho más deportiva que el atraco a mano armada ¿¡donde va a parar!?
Se trata del robo “disimulando”.
Se trata del robo “disimulando”.
Este artístico hurto no es fácil de realizar, incorpora al menos dos de las grandes disciplinas del ser humano: El Teatro, y el Atletismo. Amén de una considerable flexibilidad y estar curtido en el arte de robar.
Escoges una buena hora, por ejemplo la de comer, cuando todas las madres han bajado corriendo a comprar el arreglo de paella y la caja esta a rebosar de billetes, eliges un producto al azar (generalmente barato) y te pones en la cola.
Ahí es donde entra en juego el teatro: hay que disimular, como si contigo no fuese la cosa, ¡¡que nadie vea que eres un ladrón desalmado!! ; Cuando llega tu turno, abonas los 5 euros que cuesta tu producto señuelo, y cuando la cajera abre el cajón con los billetes para darte el cambio ¡zas! La mano es más rápida que la vista y en un acrobático estiramiento arramblas con todo el dinero posible del cajón mientras la sorprendida cajera se asusta.
Ahí es donde entra en juego el teatro: hay que disimular, como si contigo no fuese la cosa, ¡¡que nadie vea que eres un ladrón desalmado!! ; Cuando llega tu turno, abonas los 5 euros que cuesta tu producto señuelo, y cuando la cajera abre el cajón con los billetes para darte el cambio ¡zas! La mano es más rápida que la vista y en un acrobático estiramiento arramblas con todo el dinero posible del cajón mientras la sorprendida cajera se asusta.
Ahora toca la parte del atletismo, a correr antes de que llegue la policía.
¿Qué producto elegiríais vosotros como señuelo? Yo sin duda elegiría una bebida isotónica, me la iría bebiendo a medida que escapo, reponiendo fuerzas al mismo tiempo que las gasto. Sin embargo no era eso lo que nuestro caco eligió como señuelo aquel hermoso día.
Volvamos pues, al principio de esta narración, recuperemos a esas dos flechas, corriendo avenida abajo como almas que lleva el diablo.
Aquellos afortunados que presenciaron la escena, cuentan que el gordito empleado había reducido muchísimo la distancia, que prácticamente ya tenía al ladrón a su alcance, pues este parecía completamente desfallecido; pero de pronto, el delincuente ganó velocidad y empuje, escapándose finalmente de las garras del fiel charcutero (o lo que fuese).
Las pruebas recogidas posteriormente arrojan la absoluta certeza que esta súbita aceleración se produjo cuando el caco, consciente de que su final estaba cerca, decidió soltar lastre y se deshizo del producto señuelo que había escogido para colocarse en la cola, y que aún conservaba : Un saco de 5 kilos de patatas.
Si, efectivamente. Este hombrecillo huyó de la ley cargando en uno de sus brazos 5 kg de patatas especiales para guarnición. Supongo que su mujer le diría “Anda, ves a atracar el súper, y de paso te traes patatas” o algo así.
Por su parte, el fiel empleado entró por la puerta contraria a donde había salido -donde la actividad normal de un súper no se había visto alterada y nadie tenía remota idea de que había ocurrido- totalmente rojo, con expresión descompuesta por el esfuerzo y ojos inyectados en sangre, vociferando antiguas maldiciones turcas.
No había recuperado los 120 Euros robados, pero volvía cargando con el saco de patatas como prueba de valor, convencido en su fuero interno de haber quedado en empate técnico con su perseguido. “Se me ha escapado ese cabrón, como lo vuelva a ver le meto una somanta de ostias que no lo va a reconocer ni su tía” -me dijo, mientras yo cobraba a una clienta.
No había recuperado los 120 Euros robados, pero volvía cargando con el saco de patatas como prueba de valor, convencido en su fuero interno de haber quedado en empate técnico con su perseguido. “Se me ha escapado ese cabrón, como lo vuelva a ver le meto una somanta de ostias que no lo va a reconocer ni su tía” -me dijo, mientras yo cobraba a una clienta.
En ese momento, disimuladamente, en la caja de al lado, una señora que había bajado a comprar azúcar, sacaba -del bolsillo derecho de la bata en la que vivía envuelta-un bote de tinte Schwarkopf nº8, a la vez que le susurraba a mi compañera. “Mira nena, te dejo esto que no tenéis de mi numero”.
Hola
ResponderEliminarMe llamo Nayade, soy administradora de un directorio y tengo que decir que me ha gustado su página El penúltimo Starfighter. Por ello, me encantaría contar con tu sitio en mi directorio, consiguiendo que mis visitantes entren también en su blog.
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